Blog Play4Africa

Expedición solidaria

Archivo de Junio, 2010

TEMBO Y LOS NIÑOS Algo sobre los niños de África.

Desde que esta loca aventura que se llama Play4Africa salió de Alejandría, quien esto escribe viene llevando una especie de álbum dibujado o pintado, en el que va anotando reflexiones personales sobre el viaje. En una de sus páginas dibujó un elefante y quiso dedicarle la página a los niños de África, que en contra de la idea que tenemos en el Occidente del que provenimos, y que supone que los chavales de estas latitudes son menos felices que los nuestros, me permito reproducir unas notas personales que dicen:

Recorremos las carreteras de Kenia, Tanzania, Zimbabwe y Botswana. Siempre colinas suaves y allá al fondo, enormes extensiones que supongo vírgenes. Algunas aldeas de chozas pintorescas, muy golosas para las cámaras digitales. Condiciones de vida muy precarias. Alguna pequeña escuela rodeada de pulcros chavales uniformados que saludan al viajero cantándole canciones al lado de la ventanilla. -“¡Muzungu, muzungu!” –blanco, blanco- y les acarician las manos, iguales a las de sus hijos. Son el futuro sonriente de África.

Algunos campos están roturados. Crece el bambú y la caña, el trigo y la pelusilla verde de las sementeras.

Cuando el bosque se cierra, aparecen los elefantes con su mirada inquietante, desfilando en familia a la vera de la aldea, y los niños a lo suyo: El juego escandaloso. Niños a veces desarrapados a los que vemos felices sin juguetes, persiguiéndose los unos a los otros, haciendo agujeros en la arena o gobernando un rebaño de docenas de vacas.

Y esos niños no sueñan con Nintendos porque no las conocen, ni con elefantes lejanos porque son sus vecinos al lado externo de la empalizada. –“¡Tembo, tembo!”- elefante, elefante- Y para quien piense que esos niños deberían ser trasladados a nuestra sociedad del supuesto bienestar, una canción de cuna akan, un pueblo de Ghana:

Alguien desearía tenerte como hijo

Pero eres mío.

Alguien desearía criarte en una estera costosa

Pero eres mío.

Alguien desearía ponerte en una manta de camello

Pero eres mío.

Tengo que criarte en una estera vieja y rota.

Alguien desearía tenerte como hijo

Pero eres mío.

Texto: Leopoldo Álvarez

Fotos: Patrik Bergareche

Escrito por Play4Africa en Sin categoría el 20 Junio, 2010. No hay Comentarios

CASUALIDADES El mundo, ese pañuelo.

Que el mundo es un pañuelo lo sabemos todos, y que está lleno e mocos también lo sospechábamos. Pero a veces ese pañuelo está perfumado por la alegría del encuentro inesperado, de la casualidad, del milagro…

Y a este humilde cronista, a lo largo de la larga ruta que la expedición solidaria Play4Africa va recorriendo por el continente africano, le han sucedido un par de casualidades que lo reconcilian con la gente, e incluso le hacen sospechar que el destino nos vigila travieso desde la próxima esquina para brindarnos la chispa de la sorpresa, del encuentro inesperado y fugaz…

Una mañana de Marzo en Madrid, mi amigo Emilio dejó por un momento sus obligaciones profesionales para cumplir con una encomienda en la que yo le involucraba: Llevarme al aeropuerto de Barajas, desde donde despegaría rumbo a las Áfricas durante 4 meses en un viaje que envidiaba. Mi viejo compañero de tantas aventuras marroquíes y argelinas se quedaba en tierra mientras yo triunfaba. Se le veía feliz porque se trataba de un buen amigo envidioso.

-“¡Te recojo a la vuelta!”-

-“¡Chao compañero, hasta Julio!”-

Y los días fueron transcurriendo, las semanas también e incluso los meses. Con Emilio no mantenía correspondencia por e.mail, porque me seguía a través del blog de elmundo.es, en el que escribo.

Tres meses después, la expedición llega a las Cataratas Victoria (Vic Falls para los iniciados). Allí me rompo una costilla realizando trabajos de mantenimiento en los coches, me empapo del agua vaporizada del Zambezi, me arreglan el reloj de pulsera y una mañana iniciamos al vuelo hasta la próxima etapa. Iñigo y Patrik se quedan un par de días más, por un tema de gestión de una beca cuyos detalles no vienen al caso.

Situación: La expedición se marcha, pero Iñigo y Pachi se quedan, y una tarde paseando, oyen a sus espaldas: -“¿No está con vosotros Leo?”- Sus uniformes les delataban como miembros de la expedición y era mi amigo Emilio, que con su mujer Avelina, habían aprovechado un puente para acercarse a las Cataratas Victoria. Pero el cálculo les salió mal y fallaron por un día. De todos modos, mis compañeros se encargaron de ponerlos al día de primera mano. ¡Una pena! Y como habíamos convenido, veré a Emilio en Barajas y criticaremos su falta de puntería.

Walvis Bay (Namibia). Como siempre, gran premio de Fórmula 1. ¿Un lugar? La Casa del Mar, dependiente del Instituto Social de la Marina. Un precioso edificio que da asistencia a la gente española que trabaja el mar por estas latitudes. En la sala de televisión, ya se encuentran una docena de marineros prestos al espectáculo. Aparecemos allí, y un señor instalado en una butaca doble, me espeta: -“¡Leo, pero ti qué fas aquí?”- (Qué haces aquí, en gallego).

He de anotar que vivo en un pueblo marinero de Galicia, y paisanos míos pescan por todo el mundo. El tipo que me llamaba era mi vecino de enfrente, y habíamos compartido sillón de barbería el día anterior a mi partida para las Áfricas.

Había dos más del pueblo en otras butacas, y otro del pueblo de al lado. Nos pasamos la carrera poniéndonos al tanto de las novedades que desconocía, pues iba para cuatro meses de ausencia. Hablábamos en el gallego mestizo de la gente marinera, plagado de jotas y eses arrastradas, el terror de los académicos de nuevo cuño. Y cuando Fernando Alonso se acercaba a Hamilton, los marineros le alentaban en su idioma: “¡Mételle a proa!”- “¡Coidado por estribor!”- “¡Ollo pola popa!”-

Fue una jornada divertida y luego, cuando acabó la carrera, y los marineros se marcharon a comer para sus barcos y yo me reintegré a mi grupo de expedicionarios que habían asistido en tercera fila, envidiosos me recriminaban: -¡Vaya con el Leo. Estaba como en su casa!”-

Mi vecino volvía para España y se ofreció para llevarme lo que necesitase. No tenía nada que mandar, pero su compañía me resultó divertida y quedamos emplazados en la barbería a mi regreso.

Texto: Leopoldo Alvarez

Escrito por Play4Africa en Sin categoría el 15 Junio, 2010. Comentarios (3)

De paseo por “Vic Falls”, Zimbabwe

El anuncio de que el día siguiente sería libre para los miembros de la expedición, llamó inmediatamente a una salida colectiva por la noche. Día Libre en Cataratas Victoria.

Un lugar turístico en pleno corazón de Zimbabwe donde la primera impresión es la de un gran parque de atracciones donde se puede descender el precioso rio Zambeze en canoa o haciendo rafting, literalmente tirarse por un puente (y sino que se lo pregunten a Sergi e Iñigo), hacer safaris a pie y a caballo, e incluso volar en helicóptero o en ultraligero. Sin embargo a medida que pasan los días, se destapa un pueblo con cierto encanto, donde todo el mundo se conoce, donde los blancos y los negros se hablan de tu a tu y donde los locales te llaman por tu nombre. Es posible encontrar en “Vic Falls”, como le gusta bromear a Leo, rincones para la vida tranquila en un entorno que, sobre todo geográficamente, es muy especial.

Salimos de marcha todo el equipo y algunos nos liamos hasta altas horas de la madrugada honrando a nuestros orígenes españoles. El que escribe faltó, cómo no,  a la cita de las 9 de la mañana del día siguiente con Julio para filmar las cataratas. Como un señor amanecí a las 10.30 y decidí emprender el camino hacia las cataratas a pie con el objetivo de encontrarme allí con “el equipo de filmación”, compuesto esa mañana por Julio, Elisa e Iñigo, y con Fer, Leo y Estela que también decidieron pasar su mañana libre visitando las cataratas.

Caminando solo por las calles de “Vic Falls”, se me acercaba un local cada dos o tres minutos para venderme “souvenirs”, intercambiar los obsoletos pero preciados billetes por valor de 100 trillones de dólares zimbabuenses, o sencillamente preguntar mi nombre. Uno de ellos se llamaba Charles y me acompañó unos doscientos metros por un camino muy estrecho sólo para peatones. Hablábamos de los problemas que tienen los zimbabuenses para acceder a un puesto de trabajo cuando de repente y sin previo aviso, se da media vuelta y comienza a correr en dirección contraria como si de una carrera de 100 metros lisos se tratara. Con mucha confusión y sin entender en absoluto el motivo del frenético arranque, miré a mi alrededor durante un par de segundos sin encontrar a nadie ni ninguna razón para tan cómica situación. De pronto, tuve esa sensación de que alguien me miraba y tras un árbol, situado a un par de metros de donde estaba, detecté ni más ni menos que a una señora elefanta con su cría observándome con el mismo asombro que el mío. Acojonado, tiré para adelante a paso ligero pero sin correr y simulando no haber visto a mis dos espías. Cuando ya sentí que el peligro había pasado, miré para atrás y encontré a Charles mirándome a lo lejos y dignamente le grité: “Chicken, chicken, chicken”.

C’est l’ Afrique, en lugares turísticos o en medio de la savana.

Texto y fotos: Patrik Bergareche

Escrito por Patrik Bergareche en Sin categoría el 10 Junio, 2010. Comentario (1)