Que el mundo es un pañuelo lo sabemos todos, y que está lleno e mocos también lo sospechábamos. Pero a veces ese pañuelo está perfumado por la alegría del encuentro inesperado, de la casualidad, del milagro…
Y a este humilde cronista, a lo largo de la larga ruta que la expedición solidaria Play4Africa va recorriendo por el continente africano, le han sucedido un par de casualidades que lo reconcilian con la gente, e incluso le hacen sospechar que el destino nos vigila travieso desde la próxima esquina para brindarnos la chispa de la sorpresa, del encuentro inesperado y fugaz…
Una mañana de Marzo en Madrid, mi amigo Emilio dejó por un momento sus obligaciones profesionales para cumplir con una encomienda en la que yo le involucraba: Llevarme al aeropuerto de Barajas, desde donde despegaría rumbo a las Áfricas durante 4 meses en un viaje que envidiaba. Mi viejo compañero de tantas aventuras marroquíes y argelinas se quedaba en tierra mientras yo triunfaba. Se le veía feliz porque se trataba de un buen amigo envidioso.
-“¡Te recojo a la vuelta!”-
-“¡Chao compañero, hasta Julio!”-
Y los días fueron transcurriendo, las semanas también e incluso los meses. Con Emilio no mantenía correspondencia por e.mail, porque me seguía a través del blog de elmundo.es, en el que escribo.
Tres meses después, la expedición llega a las Cataratas Victoria (Vic Falls para los iniciados). Allí me rompo una costilla realizando trabajos de mantenimiento en los coches, me empapo del agua vaporizada del Zambezi, me arreglan el reloj de pulsera y una mañana iniciamos al vuelo hasta la próxima etapa. Iñigo y Patrik se quedan un par de días más, por un tema de gestión de una beca cuyos detalles no vienen al caso.
Situación: La expedición se marcha, pero Iñigo y Pachi se quedan, y una tarde paseando, oyen a sus espaldas: -“¿No está con vosotros Leo?”- Sus uniformes les delataban como miembros de la expedición y era mi amigo Emilio, que con su mujer Avelina, habían aprovechado un puente para acercarse a las Cataratas Victoria. Pero el cálculo les salió mal y fallaron por un día. De todos modos, mis compañeros se encargaron de ponerlos al día de primera mano. ¡Una pena! Y como habíamos convenido, veré a Emilio en Barajas y criticaremos su falta de puntería.
Walvis Bay (Namibia). Como siempre, gran premio de Fórmula 1. ¿Un lugar? La Casa del Mar, dependiente del Instituto Social de la Marina. Un precioso edificio que da asistencia a la gente española que trabaja el mar por estas latitudes. En la sala de televisión, ya se encuentran una docena de marineros prestos al espectáculo. Aparecemos allí, y un señor instalado en una butaca doble, me espeta: -“¡Leo, pero ti qué fas aquí?”- (Qué haces aquí, en gallego).
He de anotar que vivo en un pueblo marinero de Galicia, y paisanos míos pescan por todo el mundo. El tipo que me llamaba era mi vecino de enfrente, y habíamos compartido sillón de barbería el día anterior a mi partida para las Áfricas.
Había dos más del pueblo en otras butacas, y otro del pueblo de al lado. Nos pasamos la carrera poniéndonos al tanto de las novedades que desconocía, pues iba para cuatro meses de ausencia. Hablábamos en el gallego mestizo de la gente marinera, plagado de jotas y eses arrastradas, el terror de los académicos de nuevo cuño. Y cuando Fernando Alonso se acercaba a Hamilton, los marineros le alentaban en su idioma: “¡Mételle a proa!”- “¡Coidado por estribor!”- “¡Ollo pola popa!”-
Fue una jornada divertida y luego, cuando acabó la carrera, y los marineros se marcharon a comer para sus barcos y yo me reintegré a mi grupo de expedicionarios que habían asistido en tercera fila, envidiosos me recriminaban: -¡Vaya con el Leo. Estaba como en su casa!”-
Mi vecino volvía para España y se ofreció para llevarme lo que necesitase. No tenía nada que mandar, pero su compañía me resultó divertida y quedamos emplazados en la barbería a mi regreso.
Texto: Leopoldo Alvarez








Tan natural como la vida misma. Me pareces un Genio Leopoldo. Un abrazo.
Mucho texto hueco y poca substancia, es un buen relato de viajes, no un informe de lo que se ha conseguido. por eso ya acabada la expedición, se puede obtener un balance concreto con datos de exactamente lo que se ha logrado y a qué coste? Permitidme expresar mi sano escepticismo, el mismo que ya expuse antes de la salida de la caravana y que hice como profesional del desarrollo, ya que esta manera de ‘ayudar’ a millones de niños (según dice la propia descripción de Play4Africa) es muy cuestionable y hasta contraproducente, como ya se discutió.
Siento ser tan directo pero ahora es cuando vosotros os retiráis y los problemas de los niños y niñas de aquí siguen igual, sin que haya cambiado nada importante que mencionar, mientras que vuestra expedición ha hecho un viaje de película a expensas de los patrocinadores y de los problemas de África.
Además los balones que habéis repartido son bastante duros y parecen peores que los que venden en muchos países que los que habéis recorrido por un precio inferior a 7 euros, como también se mencionó en enero. Qué opina Balu?
No es bonito hacer de crítico pero es obligado que alguien comprometido y que no se deja engatusar por tanta palabrería sentimentalista y rollo paternalista os llame la atención. Que pena no haber recaudado ese dinero para repartidlo a ONGs locales que habrían conseguido mucho más con él sin tanto teatro.
Hola Victor, gracias por tomarte la molestia en hacer una reflexión 1)acerca del blog y 2)acerca de nuestra expedición.
En cuanto al blog, la idea del mismo es en efecto hacer un blog del equipo, que cuente nuestras vivencias, es decir un “relato del viaje” como bien apuntas. No es este el espacio para analizar el resultado del proyecto, aunque también hemos hecho menciones al respecto cuando ha sido oportuno.
En cuanto al proyecto, estamos de acuerdo en que una caravana no soluciona Africa y no creo que nadie de P4A ha osado opinar lo contrario. Estoy seguro también de que hay elementos de mejora y por eso estaremos encantados de que un profesional como tú, nos de todas las sugerencias que crea convenientes para futuros proyectos.
De momento, estamos contentos de haber logrado los objetivos marcados (otro debate es si estos objetivos eran o no los adecuados, que es por donde tu vas)
Un abrazo, Patrik