Cuando decimos Malawi algunos te miran raro, creyendo que les hablas en broma.
-¿Malawi es un país?-
-Pues sí, con su capital y todo-
-¿Y cómo se llama su capital?-
-¡Lilongwe!-
-¿Está en Asia?- aventuran en su ignorancia-.
-No, en África- les aclaramos-.
Pues bien, resulta que el dichoso Malawi –o como se llame-, se extiende a lo largo de toda la orilla del lago Nyasa, uno de los mayores del mundo. Lo que pasa es que para despistar, al mencionado lago Nyasa que todos estudiábamos en el cole, ahora le han cambiado el nombre y se llama Malawi, lo que añade más confusión al tema.
Ahora pasaremos a situar el descrito Malawi (país) dentro del área geográfica del África oriental: Se halla rodeado por Tanzania, Mozambique, Zimbabwe y Zambia. Difícil ¿Eh?
La expedición solidaria de Play4Africa se detuvo un par de días en la pequeña población de Atupele, donde realizó una entrega de material hospitalario en el centro sanitario que la organización África Directo gestiona en el lugar.
Entre descargas de material, entrevistas con los responsables, filmaciones y demás actividades, se nos echó el domingo encima, y con él la jornada tan esperada por dos de nuestros compañeros, Topo y Fernando, que deseaban sobre todas las cosas, ver cómo otro Fernando apellidado Alonso, disputaría el Gran Premio de Fórmula 1 a celebrar en Mónaco.
A media mañana su nerviosismo era tal, que decidieron levantar el vuelo hacia el pueblo más próximo para tratar de ver la carrera por cualquier medio.
Como el hospital se hallaba lejos de la ruta principal, era necesario llegar hasta el asfalto más próximo, y salir disparados en todas direcciones para localizar un televisor ¡conectado con un canal deportivo! que además transmitiese la dichosa carrera. Patrik y yo, movidos por la curiosidad, nos añadimos a la misión de encontrar ese lugar imposible, con la esperanza de poder tomar un cafecito en el pueblo, aprovechando la incursión de nuestros compañeros.
Llegados al asfalto, Topo comenzó a interrogar a todo viandante que se le ponía a tiro, y gracias a su conducción errante, aparecimos en un control de policía con barrera y todo. Sin darles tiempo a tomar la iniciativa a los maderos, nuestro compañero les atacó con su pregunta pertinaz: “¿Dónde hay un televisor conectado a InterSport, en el que podamos ver la carrera de F1?”
Los funcionarios de la barrera se dirigieron a la oficina del jefe de Policía, quien tras saludarnos, nos dijo: -¡Seguidme!-
Un poco confundidos, bajamos lentamente el talud de la carretera siguiendo al jefe de policía, que –a pie- nos precedía muy ceremonioso hasta que nos detuvimos ante su casa, donde nos introdujo en su dormitorio, sintonizó la tele con la tan ansiada carrera, nos invitó a estirarnos en ¡Su cama! repleta de cojines, y se marchó de nuevo a trabajar.
Quien esto escribe -poco aficionado a las carreras- se durmió inmediatamente sobre la cama del oficial, rodeado de primorosos y mullidos cojines, y a la hora y pico de competición narrada en portugués, levantamos el campo, nos fuimos hasta el despacho del jefe de Policía, le agradecimos el detalle, y le prometimos que al día siguiente volveríamos para ver el partido del Barcelona…
Realizando un perverso e imposible paralelismo, imaginábamos a cuatro paisanos malawís en un control de policía español, demandando ver un acontecimiento deportivo. Tampoco éramos capaces de imaginar a un comandante de la Benemérita abriendo su casa a los cuatro aficionados, dejarlos instalados en su cama, y regresar tranquilamente a su puesto de trabajo.
Creo que el tal Fernando Alonso no ganó la carrera, pero nosotros sí que ganamos algo más de cariño por los ciudadanos de un pequeño país africano de nombre desconocido, con una capital desconocida, y perdido en un continente también desconocido.
Texto: Leopoldo Álvarez
Fotos: Patrik Bergareche








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