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Expedición solidaria

TRIBUS DE AFRICA, Reflexiones tras el encuentro con el jefe de la etnia de los Topnaar

En la ciudad de Walvis Bay, tras la decepcionante derrota de nuestra selección contra la selección de Suiza, a pesar de que Leo, Iñigo, Susana y el que escribe nos subimos al techo del camión de Fer y transcurrimos a plena luz del día por la avenida Nangolo Mbumba ondeando banderas y apoyando a nuestra selección, tuvimos la oportunidad de conocer al jefe de la etnia de los Topnaar. Una de las etnias más antiguas de Namibia, originada en el desierto de Namib.

El jefe Topnaar nos habló ampliamente de la cultura de su etnia. No entraré en los detalles de su explicación pero sus palabras me llevaron a las siguientes reflexiones: 1) Que las sucesivas hordas de colonizadores de África arrebataron el estilo de vida a muchas de sus tribus y etnias, obligándolas a adaptarse a un nuevo entorno con el que no estaban familiarizadas y condenándolas en la mayor parte de los casos, al exilio y la pobreza. Los Topnaar, por ejemplo, pasaron de ser autosuficientes con la caza y la explotación de su territorio, a la pobreza absoluta tras ser expulsados de sus tierras convertidas en parque nacional y 2) Que los africanos tienen la mala suerte de que el nivel de desarrollo de los países es valorado bajo parámetros creados por los occidentales, con lo que su idiosincrasia es de poco valor en el marco internacional. ¿Qué valor tiene en los mercados internacionales que los Topnaar hayan dedicado siglos a desarrollar una capacidad asombrosa para sobrevivir en el desierto, mientras que los europeos, por ejemplo, elaboraban doctrinas acerca de cómo gestionar una empresa?

Tras unas cuantas visitas a África, me queda claro que todos los grupos étnicos tienen que evolucionar por su propio bien. Por mucho que “nos de pena”, como he oído más de una vez, que los Massai dejen de perforarse las orejas y que los poblados Himbas dejen de tener la “autenticidad” de no tener agua corriente y electricidad, ciertas tradiciones deben adaptarse a los tiempos modernos para que “existan” en la comunidad internacional y puedan, como mínimo, optar a formas de vida alternativas. Y si no, imaginemos a gente en Madrid desplazándose en burro o a señores feudales en Castilla recaudando impuestos a los campesinos en pleno siglo XXI. ¿Cómo viviríamos en España? ¿Y qué opciones hubiéramos tenido, por ejemplo, de formar parte de la Unión Europea?

Sin embargo, también tengo claro que deberíamos observar más a ciertas culturas africanas e indígenas y aprender de ellas. Deberíamos incorporar algunas de sus virtudes como parámetros para el análisis del desarrollo de los países. Parece mentira que ciertos países considerados desarrollados, tengan las sociedades más enfermas del mundo. Quiero pensar que el paso de un G8  a un G20 arroja cierta luz en este aspecto.

Escrito por Patrik Bergareche en Sin categoría el 1 Julio, 2010. No hay Comentarios

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